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Luis Herrerías ha sido el invitado a nuestro coloquio de este jueves. Algunos, he de confesarlo, nos sorprendimos al ver a un hombre con una gran barba negra entrar en la sala de estar; pero su imagen, como descubriríamos más tarde, no era más que el reflejo de las muchas aventuras que estábamos a punto de escuchar.

Nuestro invitado es un joven valenciano que, tras haber estudiado ingeniería agrónoma, y como muchos españoles de su generación, decidió irse a Alemania para buscar trabajo, y terminó siendo jefe de producción de una empresa. En este momento de la tertulia, Luis nos contaba cómo en Alemania no era feliz, pese a haber encontrado un empleo estable y haber “triunfado” en su vida profesional. Este dato es importante para entender su decisión de viajar desde Pekín hasta Montserrat (su pueblo natal) en bicicleta, pero, además, no sólo pensó este viaje como un reto a nivel personal, sino como un reto solidario, para dar a conocer la enfermedad  degenerativa (e incurable a día de hoy) de la esclerosis lateral amiotrófica (ELA). ¿Que por qué el ELA? Por lo impactado que quedó tras recibir la noticia de que dos amigos suyos padecían esta enfermedad. ¿Que por qué un viaje tan largo en bicicleta? Sencillamente porque quería conocer mundo y porque es un apasionado del ciclismo.

El plan era ir consiguiendo marcas colaboradoras conforme fuera avanzando en la travesía para que el reto fuera ganando visibilidad en las redes. De este modo, no sólo conseguía concienciar a la gente sobre la existencia de esta enfermedad, sino que también lograba crear todo un movimiento con el fin de recaudar dinero para financiar la investigación médica de las posible curas de ELA; y el plan está funcionando. Así, con Google Maps y su interminable repertorio fotográfico, le bastó a Luis para dejarnos boquiabiertos en una tertulia en la que el tiempo parecía no pasar: nos explicó el equipaje, nos habló de lo previsor que hay que ser, de los distintos países que atravesó y sus culturas (China, Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán, Uzbekistán, Turkmenistán, Irán, Azerbaiyán, Georgia, Turquía, Albania, Montenegro, Bosnia, Croacia, Eslovenia, Italia, Mónaco, Francia y España), del cansancio físico, pero sobre todo psicológico, etc. Y todo ello, con numerosas anécdotas de encuentros, pérdidas, desesperación, ayuda y, sobre todo, de agradecimiento: agradecimiento a las increíbles personas que encontró por su larga aventura.

Ahora ha decidido estar unos años tranquilo aquí en Valencia estudiando el grado en Educación Primaria, ya que la docencia es, según él, otro de sus grande sueños que siempre ha querido cumplir. Pero su viaje le ha enseñando algo en lo que no dejó de insistirnos: que más allá de las razas, las lenguas, los paisajes o las culturas, está el ser humano, que siempre va a aportar mucho más que todo lo demás.

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